viernes, enero 06, 2006

REGALO DE REYES

LA CREACIÓN DE LA MIRADA


Pequeñas probabilidades


No existe la posibilidad de conocer el itinerario del tiempo; pero existe la inminencia del ocaso y el hecho del instante: se dibuja un momento donde transcurre el espacio hasta que la velocidad del tiempo encuentra el ocaso y surge una mirada que encierra, otra vez, el instante.


Sostener el tempo


El destino del tiempo y la dirección del progreso no son líneas coincidentes. El tiempo es acontecer, granito. El progreso sólo existe en el más allá. La trascendencia del destino siempre es tiempo de riesgo, juego de finitud; mientras que el progreso no conoce el riesgo; cuando lo encuentra, el progreso no está más ahí.


Angelus novus

El tiempo en el ser humano es terminal. El dibujo de lo eterno, la loca órbita agotada de perfección, la línea que es círculo del horizonte, todo es forma conclusa: mirada. En la tesis nueve de su filosofía de la historia Benjamin nos describe un ángel que contempla la historia de espaldas al futuro. Vuelto al pasado descubre la catástrofe y no tiene fuerzas para hacer alto y el movimiento sólo es un ascenso de las ruinas al cielo. Podríamos pensar que el ángel se aterroriza ante las ruinas y los muertos; pero tal interpretación sólo privilegia la memoria y repite lo que el texto señala; en realidad, los ojos desmesuradamente abiertos, la boca y su grito y las alas extendidas del ángel, deben su terror a que ante tales ruinas no hay punto de retorno, no existe el claro donde anclar; todo es avance hacia el progreso. El ángel teme al olvido, sólo a partir de ese encuentro negativo es que se puede postular un “tiempo ahora”, la cita del día que es incansablemente el día final, la apelación al segundo. Lo demás es la permanencia de la ruina.


La finitud y la mirada

Los párpados son el ocaso, la línea que rasga, araña y finalmente cose la luz. No hay causalidad alguna, sólo capacidad renovada de cesar. Ahora esta luz capturada formará objetos. La abertura del ojo es la forma del mundo.


Puntos de partida

Todo es en principio olvido. Presencia y deseo del vacío, memoria para llenar de imágenes, pero memoria al fin: imagen presente, recuerdo de lo olvidado.


Breve esbozo de un irreflejo

¡Cómo es que Don Quijote perdió aquella virtud! ¡La piedad de sí mismo! Y nunca se dio cuenta de que todo lo que buscaba estaba ahí, frente a sus ojos. La derrota absoluta del pasado no impide su permanencia. Don Quijote pocas veces bajó los ojos para comprender la permanencia del tiempo derrotado: la felicidad de la aventura de Sancho Panza.


Comprensión

No existe una posibilidad de comprensión entre el yo y el tú, existe siempre un mundo dado, un encontrarse en cada estado de ánimo y una esfera de creencias a las cuales estamos entregados y que posibilitan el advenimiento de lo extraño. La posibilidad más importante que genera el tiempo no es la existencia, sino la finitud de dicha existencia, ésta podría ser una lectura del siguiente poema de Unamuno:

Nocturno el río de las horas fluye
desde su manantial que es el mañana
eterno...


Perímetros

Es posible, sin duda, pensar a un hombre y a una mujer como seres diferentes en cada tiempo, en cada época. El artilugio de la diferencia y la libertad. Pero también lo es pensar, sentir, a un hombre y a una mujer siempre, como una repetición perpetua de lo mismo. La historia es el golpe de miradas en torno de lo humano: engaño de la finitud primero, salvación después y, por último, secreto e interpretación. Siempre, lo único que habría que presuponer es el tiempo del otro y de la otra: la permanencia de una constante trágica, el aparecer.


La ausencia de la mirada

Un viejo poema habla de una trapecista. Comienza con una analogía clásica entre el ojo blanco y la luna ciega. Después, aparece un circo desierto, forrado con una gran carpa que tendrá franjas violetas y azules. En la noche, se lee, la luz del petróleo hace sombras, mientras la mujer se balancea con los brazos y las piernas desnudas. Lleva una trenza, como una serpiente negra que sale de la tierra. Llora, y a las lágrimas se las traga la arena. Lo peor, dice el poema, no es el abandono, ni la noche, ni el dolor, ni la inminencia de las sombras, ni lo efímero del llanto; lo peor es que nadie observe, ni Dios, lo que está sucediendo.

Click

Aquel día posamos. Las manos tomadas. La perfecta certeza de que aquél y aquélla que aparecerían en la película fotográfica eran los que se amaban, nosotros no.
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