sábado, agosto 27, 2005

BACK

He pensado, muchas veces, en los personajes que viven incesantemente en los libros, sin importar en absoluto que alguien los lea o no. Hoy me preguntaba sobre mi inminente llegada a México, sobre la forma en que me iré a recibir.


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miércoles, agosto 17, 2005

Violar, ver, elegir

Hace una semana Geney Beltrán Félix publicó una nota de Leticia Pineda que me recordó mi ciudad, exactamente recordé las calles por donde caminaba casi a diario, desde que me cambié a la Portales. Aquí se puede leer la nota. El final es éste:

* 3 Mujeres son violadas diariamente en la Ciudad de México.
* 760 denuncias por violación se han presentado en el DF en 2005.
* 3% de las denuncias terminan en averiguación previa.
* 1% de los casos de violación concluyen con el arresto del agresor.
* 4000 Delitos sexuales son denunciados cada año en el DF.

Así que a hacer campaña y, como van las cosas, el que fue jefe de la policía en la Ciudad de México, el inepto de Ebrard, pronto estará al frente de la campaña por el D.F., encabezando a ese partido de quinta, el que tiene un nombre imposible donde se unen la revolución y la democracia, dos eufemismos del poder en el siglo XXI.


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miércoles, agosto 10, 2005

Declaración presidencial

"El pueblo de Nigeria está bien alimentado, como ustedes pueden ver".







Tandja, presidente de Nigeria


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martes, agosto 09, 2005

Desde el purgatorio del olvido


Independiente fui, para no permitir pudrirme sin renovarme; hoy, independiente, pudriéndome me renuevo para vivir.


Nahui Olin

lunes, agosto 08, 2005

Agosto

Ah, el verano, ese cruel invento de los dioses y de las diosas, donde lo único que se puede hacer es dejar de trabajar, emborracharse e imaginar que tuvimos la dicha de no nacer.

viernes, agosto 05, 2005

LA CITA INDICADA

“Si ustedes bombardean nuestras ciudades nosotros bombardearemos las suyas", ha dicho Osama Bin Laden y el día de ayer Al-Zawahiri, el segundo en la jerarquía de Al-Qaeda, advirtió que habrá más ataques en Inglaterra.

Por lo pronto, en cualquier momento regresarán a la universidad, al trabajo, a casa, varios de los que sobrevivieron y siguen en el hospital, lo harán sin una pierna, sin un brazo, sin una mano. Se dice que fueron los afortunados; claro, no imagino qué sentirán aquellos que, en el metro o en el camión, perdieron un hijo o una hija; tampoco imagino lo que sintió quien murió el 7 de julio, ni los y las que mueren en esas circunstancias cada día.

Sí, “si ustedes bombardean nuestras ciudades, nosotros bombardearemos las suyas”, pero esa frase es muy abstracta. Mejor, si ustedes matan a la gente que entra en el metro y sube al camión para llegar a trabajar, haremos lo mismo; si ustedes tienen bombas mortales, bombas dentro de las bombas, proyectiles que duermen y esperan para dañar, entonces procuraremos que nuestras bombas tengan clavos, para ver si con suerte los que no se mueren, por lo menos, pierden un ojo, una mano o, aunque sea, se quedan con una psicosis permanente, con el miedo viviendo despierto en el cerebro, para siempre.

Una cita como la de Osama Bin Laden tiene varios atributos, pero quizá el más importante es ocultar los atributos, los predicados. La frase suena bien, es contundente, puede abanderar “la resistencia”. Los muertos, las muertas, las heridas, el dolor y el miedo no se presienten en la repetición fanática de la cita.

jueves, agosto 04, 2005

"What would happen if I punched this guy?"

An Usamerican, Steven Vincent, was kidnapped and killed in Iraq. The guy was working on a book on how the living in “free Basra” is. Now the naïve Steven is dead. Here, one of his last posts.

June 24

"What is one of the main sources of the problems afflicting Basra these days? Pull up a chair, habibitie, and I'll tell you ... so there we are, my translator Layla and I, chatting in the funduk coffee shop with Dr Basma. The day is hot and dry enough to dehydrate a sponge, and Layla divests her abiya to carry on the interview in a scarf, long-sleeved blouse and jeans. All perfectly modest. But even as Dr Basma recounts how increasing numbers of students are shrouding themselves in the hijab, a man walks in, plants himself in front of the television and sits transfixed by the on-screen bevy of dark-eyed houri prancing, dancing and rotating their heads until their thick, black-as-the-Kaaba tresses spin like propellors. The irony is not lost at our table, though we don't mention it.

The man feels no such discretion: soon, instead of Lebanese teens in adornment-revealing half-cut Ts and crotch-level jeans, he's staring at us - with the blank, malevolently stupid glare I've encountered so often. I tense; Layla, sensitive to my misplaced gallantry, cautions, "I know, I know, just ignore him." But I can't. "You have a problem?" I snap. The man garbles something, looks back to the TV, then glares at us once more. By now I'm thinking, "What would happen if I punched this guy?", when Layla murmurs with exasperation, "It's me," and re-abiyas herself. Muslim dignity restored, the man returns to ogling the video vixens in their chadorless abandon, hair, limbs, hips moving with the freedom Iraqi women experience only in their dreams.

Once more, I'm reminded that the real agents of Iraq's fate are not media-friendly issues such as the "insurgency" or the "occupation", or even the upcoming constitutional convention, but subtle, non-documentable social norms that regulate the lives of nearly every person in this country - especially females. It astonishes me, the ways in which Iraqi men control their women with their obsessions on "reputation", "honour" and that all-purpose cudgel, "proper Muslim behaviour".

Men, of course, maintain no such standards of conduct. Polygamy and "temporary marriage" are legal here, so any single woman is subject to the advances of any man, married or not. Even if they aren't bold enough to confess their ardour, the hope, or fantasy, burns in their minds and fills their eyes with a queasy leer.

Adding hypocrisy to chauvinism, the religious parties take the opposite tack in public, policing female behaviour with vigour. Yesterday, a 22-year-old psych grad from Basra University told me how, as they enter the campus each day, female students have to pass religious militiamen "hired" by the administration for "protection". They examine each woman's hijab - no showing of hair, ladies - and the length of their abiyas, staring into their faces for signs of makeup. Anyone failing the Islamic dignity test is sent home. I asked how this made her feel. She grimaced and curled her fingers into two trembling talons. "It burns inside. We are not free to dress or act as we like. The religious parties have banned music, social interaction, relaxation. I am depressed all the time."

This is what Basra has become in the aftermath of the elections. These are the unwritten, unlegislated and unchallengeable "social" and "religious" norms that have an iron grip on the city. Yet back home, you hardly find a public discussion or even acknowledgement of these shackles on human behaviour - the right is too busy congratulating itself on the progress of Iraqi democracy and the left is obsessed with multicultural relativism and discrediting Bush".

miércoles, agosto 03, 2005

BACK TO THE TUBE


Fotografía: Mike Finn-Kelcey

martes, agosto 02, 2005

La suerte está echada


De Carlos Antonio de la Sierra


"Las horas se cuentan en bloque y la humedad del verano bien podría ingresar en las prácticas de tortura del nazismo. Es cierto: bastaría sólo un puñado de playa para ahorrarse los exabruptos y pensar en la indulgencia de un país bananero (aunque al pintoresco señor Fox le hace falta sólo una declaración veraniega más para convertirse en el clon de Batista, Somoza o Trujillo; debiera tener cuidado, pues el señor Aguilar [Talamontes] está de vacaciones). Ni modos: va mi reino por seguir el laberinto entre nubes y halos solares. Aun así, quedan en puerta una tesis de doctorado y una estrella más en el pecho (será la comprobación, señores, de que Dios es de sangre azul). Julio, a los ojos de cualquier gente decente, es un mes regalado por los hacedores onomásticos. ¿Qué se hace en ese mes? Viajar a las playas como cualquier griego rupestre, matar al gato de la familia con una sobredosis de eructos sabor a chile relleno, redactar capítulos doctorales sobre escritores incomprensibles, esperar agosto -que siempre está más cerca de septiembre y del inicio de las posadas, perdón, de las fiestas patrias- y, por último, que escampe por las noches para fornicar en el jardín sin temor a que nos parta un rayo.

Haré un ejercicio al azar para clarificar mi pesadumbre. Cuando empezaba a publicar, digamos hace unos 15 años, ver mi texto impreso incluso en cualquier pasquín era equivalente a una sucesión de orgasmos con las top models de la época; después, su lectura era la repetición de esos orgasmos cinco minutos más tarde (sobra decir, también, que los tiempos de joven mancebo en los que eran posibles esas hazañas ha quedado atrás). Ahora esa dinámica es radicalmente opuesta, pues de repente hay que coadyuvar con las causas justas -aunque la justicia personal en ese tenor sea equivalente a una suerte de imbecilidad rutinaria- y enviarles textos a los amigos que se lanzan en una nueva empresa literaria (el mayor eufemismo existente en castellano). Para ser claros: no se puede cobrar, lo cual, a estas alturas del partido en que cualquier mozalbete de veinte años le dice a uno "señor", es alarmante. Lo peor es cuando hay personas que creen que uno ha perdido sus contactos con el medio literario y ha pasado a ser un fósil más de la vieja guardia y no un joven emprendedor de mañas antesalistas. En realidad, y es como comentario al paso, por lo que a mi respecta nunca tuve contactos con el medio literario, pues siempre me causó una pereza mayúscula; y lo afirmo convencido, aunque en boca de alguien que, como un servidor, vive (nuevo eufemismo) de la literatura, suene a una frivolidad cartesiana. Pero regresando al ejercicio (la digresión es parte de mi estado de ánimo, una flama al acecho de una sapiencia apócrifa), tengo frente a mí diez ejemplares de una revista en la que colaboré hace un año y me acaban de enviar. Es la publicación del instituto de cultura de un estado desértico del país. Lo primero que me vino a la mente cuando las recibí es ¿qué voy a hacer con tantas revistas? Después, evitar leer a toda costa lo que publiqué ahí (en realidad no me acuerdo) e impedir que alguien cercano lo intente. Me causa temor releer algo que escribí hace tiempo, sobre todo cuando no sé qué es. Los tiempos de joven escritor han pasado, pues con los quinientos pesotes que me pagaron hace un mes por dicho texto, no porque fueran buenas gentes sino porque tenían que justificar ante hacienda el presupuesto otorgado, bien pude irme de vacaciones años atrás.

Julio, el mes con nombre de escritor-argentino-que-fumaba-mariguana, se viene sobre los hombros como figuración malsana, como espectro apócrifo, como papá de Hamlet con sombrero de charro. En las próximas semanas veré a mis amigos que triunfan en el extranjero y han venido a México nada más para constatar que uno sigue en caída libre. Mi amigo Raúl, clavecinista que vive Ámsterdam junto a dos vitrinas en la zona roja, recién ganó un importante concurso con su ensamble; Adriana y Gabriel, pianistas de Graz, acaban de ser contratados en Barcelona para dar varios conciertos; en el verano usualmente los llaman para tocar en Ibiza. Jerónimo, ese viejo lobo fotógrafo, empieza a exponer con éxito en Berlín y Colonia. Y todos vienen a México a visitar a los amigos y hacerles ver un poco más acerca de su desazón, su abatimiento, su medianía. Así, escribir sobre escritores ingleses malos, como lo he hecho durante los últimos cinco años, no pasa de nuevo de una frivolidad necia que nunca hará que me aplaudan en Praga, Viena o Atenas. Ale jacta est. Entonces, ahora que el panorama es claro como el agua, lo mejor será lanzarme a la Comercial Mexicana y comprar esa promoción de Johnny Walker con dos Guinness por 136 pesos: estamos a mitad de mes y queda poco tiempo de ofertas".

CAS

lunes, agosto 01, 2005

Ciudades peligrosas

Hoy decidí caminar algunas horas. No tenía ganas de subirme a ningún medio de transporte. Así que caminé y cada vez que pasaba por una tienda, veía los pizarrones que anuncian las noticias de los periódicos, son algo así como el anzuelo para que uno entre a comprar el periódico. Lo que se leía era algo así. “Fotos del asesinato en un autobús de Islington”. No entré pero hace un momento me enteré de la historia en un pub. Un joven negro, el día de ayer a las 10 de la noche, arrojaba, en la parte de arriba del camión de la ruta 43, papas fritas a los pasajeros. Parece que la gente se enojaba y bajaba pero no faltó el civilizado que le dijo al rijoso que hiciera favor de dejar de hacer aquello. Se dice que la respuesta fue instantánea, en lugar de arrojar una papa más, asesinó a cuchilladas al que alzó la voz. Y todavía me falta contar la del sábado, donde bajamos de un camión porque olía a quemado. En fin, habrá que revisar la nota roja de la ciudad de México y otros barrios del mundo, digo, sólo para atemperar y relativizar la situación.