miércoles, junio 28, 2006

3 de julio

Hoy es 28 de junio. Faltan algunos días para las elecciones. Pocos. ¿Realmente es algo importante? No, no lo es. Ganará López Obrador, es lo mejor que hemos construido; sí, mejor que el foxismo. Es una rebaba íntegra de aquel PRI que se reinventó la nación. Lo demás es parte de México y es parte del mundo. Candidatos como Madrazo, Calderón, Campa, Mercado y, el mejor de todos, el subcomandante Marcos, existen en todo el mundo y existirán. Ganará, pues, aquél que gobernó la Ciudad de México y este país, como todo el mundo, seguirá su camino a la mierda. Sin dramas, por favor. Somos lo que hay y, pese a todo, nos gusta ser. Juzgar el destino del país es inmoral, vivir es lo que sabemos hacer, es nuestra condena y nuestra gracia. El 3 de julio está en el aire, verán que en unos días será tan infame, tan alegre, tan artero y tan normal como cualquier otro lunes.

Por cierto, aquí un texto parcial. Un texto, me parece a mí, honesto, de María Rivera:

"(...votaré, sin ningún estupor, ni entusiasmo, contra las cínicas camarillas que apenas hace unos meses le regalaron a la familia Azcárrga Jean, Salinas Pliego y Slim Helú millones de dólares de nuestro intangible patrimonio, atracando a todos los mexicanos sin ningún pudor; contra esos diputados que celebraban muy ufanos el desfuero de López Obrador; contra el poder pernicioso de las televisoras que pudieron como en los tiempos de Díaz Ordaz borrar la sangre y el oprobio de un pueblo mexicano, brindándoles impunidad a violadores vestidos de policías, silenciando a mujeres, culpabilizando a las víctimas; votaré contra ese machismo que tiene cercados los cerebros de "analistas", de panistas; votaré contra la idea de que las mujeres somos antes que ciudadanas, madres; votaré contra la izquierda chic; contra su oportunista uso del género (palabra de mujer que no toca ni con el pétalo de su palabra a los conservadores que gobiernan al país), su oportunista uso de los campesinos (que mientras cultivan zanahorias sudan preocupadísimos por las reivindicaciones homosexuales y quienes cambiaron rápidamente sus convicciones por el dinero del dr simi), contra la izquierda de generación espontánea de las Lomas (¿de qué sonreirá la sra mercado? ¿de las mujeres asesinadas en juárez, de las mujeres violadas en Atenco?) ; contra la muy deshonrosa versión de que la inequidad es sólo un discurso del "odio"; votare por que los abascales, los espinos, los calderones regresen a sus parroquias; votaré porque la iglesia católica se ocupe de las almas de sus feligreses y no de los úteros de las mujeres; contra sus intenciones de imponer sus criterios morales en las políticas de salud pública; votaré contra los luis pazos que quitaron dinero público a organizaciones que ayudan a enfermos de vih para dárselos a serrano limón para que comprara tangas y mont blancs; votaré contra los gabrielas cuevas, federicos dorings, germanes martínez, la nueva generación de iracundos mercachifles panistas; votaré contra la "mano dura" panista que es idéntica a la "mano dura" priista; votaré contra los fernández de cevallos comerciantes del estado; votaré contra el méxico de los servitjes, los slims, que tienen todo a costa de muchísimos mexicanos que comen sus porquerías, están obligados a pagar sus tarifas, sí, votaré contra esa monstruosa desigualdad que permite a señoras adineradas obligar a sus "muchachas" a votar contra sus intereses; votaré contra el racismo mexicano; contra la debilitación de la educación y contra aquellos que han promovido la desaparición de facto de la educación pública; votaré contra las élites de las escuelas privadas; votaré contra el salario mínimo (¿dónde estaba usted señora mercado mientras todo esto sucedía?); votaré por el único partido que aún siendo minoría en todos estos casos, durante seis años, se opuso a los atracos, resistió embates, denunció estos hechos; votaré por el único partido de izquierda que tenemos y que ha mantenido una lucha constante durante seis años contra los conservadores; por el único partido que tiene mujeres legisladoras inteligentes; votaré contra la decimonónica teoría de quien encarna la contra parte del "intelectual crítico": tabaqueñeidad=mesianismo=violencia=paganismo; contra su argumentación cínica y panfletaria; contra la campaña del miedo; votaré por López Obrador y el PRD... y, sin embargo, no albergo ninguna esperanza de que gane: la televisión y el estado han conspirado justamente para que esto no pase, nunca. Aún así votaré contra la derecha y a favor de la izquierda que ha estado en la arena política desde hace por lo menos diez años y no la "izquierda" de la señora mercado que parece buscar, ante una elección terriblemente inequitativa y cerrada, que la derecha llegue al poder y atente contra los derechos de mujeres, homosexuales, jóvenes (¿veremos a mercado defendiendo sus derechos seis años desde su minúscula minoría, con su palabra de mujer, cuando violen, maten mujeres en juárez, maten homosexuales o la veremos desparecer como apareció y aparecer en el 2012 en una comida en Polanco planenado el próximo partido de la "izquierda progresista"?)
Quedarán los y las mismos, los de siempre, los que ya defienden públicamente esas causas, desde el congreso, desde el gobierno, desde organizaciones ciudadanas, desde publicaciones, bregando, sin "palabra de mujer" (educada y nunca vociferante) de por medio... "


Aquí otro, honesto igualmente, de Marco Rascón:

"Echeverría o el fascismo

Con esta frase -"Echeverría o el fascismo"-, Carlos Fuentes y un grupo de intelectuales confrontaron en 1971 las vías de independencia política que los sectores provenientes del movimiento estudiantil desarrollaban y organizaban entre obreros, campesinos, movimientos populares o mediante la respuesta armada a la represión gubernamental luego del 2 de octubre y el 10 de junio. Para ellos Luis Echeverría era lo menos peor ante el ascenso de la derecha oligárquica, que desde su trinchera también lo cuestionaba.
Hoy, a pocos días de la elección presidencial, precedida por un proceso pobre en posiciones alternativas, pero fértil en escándalos y construcción de identidades basadas en el dibujo del contrario, la partidocracia se siente completa y se arroga la representación del centro, la izquierda y la derecha.
Desde este espacio, a lo largo de años, con base en el ejercicio de la libertad de expresión, dictado por mi memoria y convicciones, he expuesto críticas, argumentos y arriesgado escenarios que las más de las veces han chocado con el ambiente maniqueo creado por aquellos que consideran que el presente y el futuro se construyen sin historia, no obstante que en los años de juventud nos advirtieron que no podíamos confrontar al echeverrismo sin caer haciendo el favor a la derecha.
A lo largo de este tiempo he argumentado sobre la manera tortuosa en que se construyó el lopezobradorismo, sin sumar principios ni historia, sino destruyendo referentes y movimientos con fuerza y credibilidad propias. Dentro de este esquema no existe ya un solo movimiento, grupo u organización con un mínimo de distancia crítica, congruencia o independencia que no sea considerado parte "de la derecha" o, por lo menos, mezquino. Así, el lopezobradorismo considera que el neocardenismo, el neozapatismo o la crítica forman parte de sus enemigos fundamentales.
En este espacio semanal el punto central ha sido legitimar la crítica y la autocrítica de la izquierda, la cual dejó de ejercerse abiertamente en el PRD y en muchas otras partes dada la idea de que estamos ante una disyuntiva: López Obrador o el fascismo. Por tanto, el objetivo no ha sido "aclarar quién es la derecha", sino describir una y otra vez los elementos, acciones, alianzas con sectores que no sólo son de derecha, sino francamente enemigos de la democracia y, sin embargo, hoy se les ha dado el llamado "beneficio de la duda" no sólo para pertenecer, sino para dirigir, como en el caso de Guadarrama, Núñez, Albores Guillén, entre otros.
El 3 de julio, cualquiera que sea el resultado, habrá que pagar una enorme factura frente a la historia, el programa, los principios del movimiento de 1988 con los muertos y sus familiares. Se tendrá que reflexionar sobre todos los personajes e intelectuales que al igual que hace 34 años nos llamaban a creer en "lo menos peor", porque debemos renunciar a nuestras convicciones por "inviables" y no cuestionar a aquellos que van construyendo héroes sobre los que luego escupen para ganarse la estima del nuevo en un carrusel, donde predominan el oportunismo, la ambición, el miedo y el pragmatismo más excesivo.
En 1988 un movimiento que no tenía ni espots ni recursos, pero sí calles y locales llenos, entabló una alianza con un sector proveniente del nacionalismo revolucionario que nunca nos engañó denominándose "de izquierda". El encuentro de aquel momento tenía gran aliento, pues era una alianza programática contra el proyecto neoliberal y no sólo era una frase, sino un conjunto de conceptos, acciones, personas, políticas articuladas con autoridad y ética para enfrentar a la tecnocracia neoliberal y, posteriormente, la usurpación. A lo largo de los seis años de salinismo, tanto desde la máxima dirección cardenista como de muchos sectores, hubo determinación en no reconocer el gobierno de Carlos Salinas y llamarlo por su nombre en todos los foros y espacios: usurpación.
Hoy, votar por el PRD es lo más cercano a nuestra historia y convicción. Pero votar por el PRD no puede ser lineal, pues en sus listas van personajes que tienen graves responsabilidades en contra de ese mismo partido y en la lucha por la democracia que ninguna disyuntiva maniquea puede soslayar. Hasta hoy, los millones que han participado y votarán por el PRD han hecho su tarea. La dirección lopezobradorista no. Por ello es ético anular el voto de candidatos impuestos y espurios, y en mi caso incluyo la anulación del voto para presidente de la República, pues los primeros no llegaron solos, sino que fueron impuestos por Andrés Manuel López Obrador. Votar por ellos niega la historia, años de acción, convicción y pensamiento. Porque debemos liberar nuestra identidad hacia el futuro y hacer de la anulación un acto de solidaridad y compromiso. Es una disyuntiva entre liberar el voto consciente y el derecho a estar liberados frente a manipulaciones, lucha sin adjetivos por el poder y manipulaciones futuras".
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miércoles, junio 21, 2006

"Decir cuate, sueño, cántaro, tierra, percusión. Decir
cualquier cosa.
Escuchar la suma de todos los silencios.
Nombrar la holgura que promete.
Y luego callar".

Yuri Herrera, Trabajos del reino.

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martes, junio 13, 2006

Verano

Treinta grados. El cambio radical. Ya presiento la canícula. De pronto, cuando uno tiene más de un hogar, se da cuenta de la fatalidad y futilidad de la vida en cada estación del año.

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viernes, junio 09, 2006

Ruleta



© Steve Bell 2006

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lunes, junio 05, 2006

Prefacio a Orientalismo

Funte La Jornada

México D.F. Sábado 16 de agosto de 2003

Edward W. Said

Hace nueve años escribí un epílogo para Orientalismo, que -intentando clarificar lo que consideraba haber dicho y no dicho- enfatizaba no sólo las muchas discusiones abiertas desde que mi libro apareció en 1978, sino el curso de las crecientes malinterpretaciones de un trabajo en torno a las representaciones de "el Oriente".

Que hoy me sienta más irónico que irritado acerca de este hecho es un signo de la tanta edad que se ha colado a mi interior. Las muertes recientes de mis dos mentores principales, intelectual, política y personalmente -Eqbal Ahmad e Ibrahim Abu-Lughod-, me han traído tristeza y pérdida, pero también resignación y una cierta entereza para seguir adelante.

En Out of Place (Fuera de lugar), 1999, describía los extraños y contradictorios mundos en los que crecí, proporcionándome a mí y a mis lectores un recuento detallado de los ambientes que, pienso, me formaron en Palestina, Egipto y Líbano. Pero era un relato muy personal de todos esos años de mi involucramiento político -que comenzó después de la guerra árabe-israelí de 1967-, y se quedó corto.

Orientalismo es un libro atado a la dinámica tumultuosa de la historia contemporánea. Abre con una descripción, que data de 1975, de la guerra civil en Líbano, que terminó en 1990. Llegamos al fracaso en el proceso de paz de Oslo, al estallido de la segunda intifada, y el terrible sufrimiento de los palestinos de las reinvadidas franjas de Cisjordania y Gaza. La violencia y el ho-rrible derramamiento de sangre continúan en este preciso instante. El fenómeno de los bombazos suicidas ha aparecido con todo el odioso daño que ocasionan, no más apocalíptico y siniestro que los sucesos del 11 de septiembre de 2001 con su secuela en las guerras contra Afganistán e Irak. Mientras escribo estas líneas continúa la ocupación imperial ilegal de Irak a manos de Gran Bretaña y Estados Unidos. Su estela es en verdad horrible de contemplar. Se dice que todo esto es parte de un supuesto choque de civilizaciones, interminable, implacable, irremediable. Yo, sin embargo, pienso que no es así.

Me gustaría poder decir que el entendimiento general de Medio Oriente, los árabes y el Islam en Estados Unidos ha mejorado en alguna medida, pero caray, en realidad no. Por todo tipo de razones, la situación en Europa parece ser considerablemente mejor. En Estados Unidos el endurecimiento de actitudes, el tensar el yugo de un cliché de generalizaciones menospreciativas y triunfalistas, la dominación de un poder crudo, aliado con el desprecio simplista hacia quienes disienten y contra "otros", tiene su correlato exacto en el sa-queo y la destrucción de las bibliotecas y museos de Irak.
Lo que nuestros dirigentes y sus lacayos intelectuales son incapaces de comprender es que la historia no puede borrarse como un pizarrón, dejándolo limpio para que "nosotros" podamos ahí inscribir nuestro propio futuro e imponer nuestras formas de vida para que estos pueblos "inferiores" las sigan. Es bastante común escuchar que los altos funcionarios en Washington y en otras partes hablen de cambiar el mapa del Medio Oriente, como si las sociedades antiguas y una miriada de pueblos pudieran sacudirse como almendras en un frasco. Pero esto ha ocurrido con frecuencia en "Oriente", ese constructor semimítico que se inventa y reinventa en incontables ocasiones desde la invasión de Napoleón a Egipto a finales del siglo XVIII. Y en el proceso, los sedimentos no relatados de la historia, que incluyen innumerables historias y una variedad sorprendente de pueblos, lenguajes, experiencias y culturas, son barridos e ignorados, relegados al banco de arena junto con los tesoros de-rruidos a fragmentos indescifrables que le fueron arrebatados a Bagdad.

Mi argumento es que la historia la hacen mujeres y hombres, y es factible deshacerla y rescribirla de tal manera que "nuestro" Oriente se vuelva "nuestro" para poseerlo y dirigirlo. Tengo en muy alta estima las potencialidades y regalos de los pueblos de la región que luchan por su visión de lo que son y lo que quieren ser. Ha sido tan abrumador y calculadamente agresivo el ataque contra las sociedades contemporáneas árabes y musulmanas, acusándolas de ser retrógradas, carecer de democracia y abrogar los derechos de las mujeres, que se nos olvida que las nociones de modernidad, iluminismo y democracia no son conceptos acordados por todos ni son en modo alguno tan simples que puedan encontrarse o perderse como huevos de Pascua en una sala de estar. La suficiencia desalentadora de los publicistas estúpidos (que hablan en nombre de la política exterior pero sin conocimiento alguno del lenguaje con que habla la gente real), fabrica un árido paisaje, propicio para que el poderío estadunidense construya un modelo artificial de "democracia" de libre mercado, con el cual no se necesita hablar árabe, persa o francés para pontificar sobre el efecto dominó que supuestamente necesita el mundo árabe.
Pero existe una diferencia entre conocer otros pueblos y otros tiempos (que resulta del entendimiento, la compasión, el estudio y el análisis cuidadoso en sí mismos), y el conocimiento que es pieza de una campaña global de autoafirmación. Hay, después de todo, una profunda diferencia entre el deseo de entender con el propósito de coexistir y ensanchar horizontes y el deseo de dominar con el fin de controlar. Es sin duda una de las mayores catástrofes de la historia que una guerra imperialista confeccionada por un grupito de funcionarios estadunidenses que no fueron elegidos se lance contra una devastada dictadura tercermundista, apelando a aspectos claramente ideológicos, para intentar la dominación del mundo, el control de la seguridad y los escasos recursos, y que disfrace su intención real, adosada y pensada por orientalistas que traicionaron su deber co-mo académicos.

Las principales influencias del Pentágono y el Consejo de Seguridad Nacional de George W. Bush fueron hombres como Bernard Lewis y Fouad Ajami, expertos en el mundo árabe e islámico que ayudaron a los halcones estadunidenses a idear fenómenos ridículos como el de la mente árabe o la decadencia de siglos del mundo islámico que sólo el poderío estadunidense puede revertir. Hoy las librerías en Estados Unidos están llenas de peroratas mal confeccionadas con títulos gritones como el horror y el terror islamita, el Islam al desnudo, la amenaza árabe, el riesgo musulmán, todos escritos por polemistas políticos que hacen gala de un conocimiento que les fue impartido a ellos y a otros por expertos que supuestamente han penetrado en el corazón de estos extraños pueblos orientales. Los acompañantes de esta prédica guerrerista son CNN y Fox, más la miriada de locutores y anfitriones de programas de radio, evangélicos y de extrema derecha, innumerables tabloides e inclusive revistas clasemedieras, todos ellos lanzados a reciclar las mismas ficciones no verificables y las vastas generalizaciones que acicatean a America contra el demonio extranjero.

Sin un esquema bien organizado de que los pueblos de allá no son como "nosotros" y no aprecian "nuestros" valores -el corazón mismo del dogma orientalista- no habría habido guerra. Así que del mismo directorio de académicos profesionales pagados por los conquistadores holandeses en Malasia e Indonesia, por los ejércitos británicos en India, Mesopotamia, Egipto y Africa occidental, por los ejércitos franceses en Indochina y Africa del norte surgieron los asesores estadunidenses del Pentágono y la Casa Blanca, y utilizan los mismos clichés, los mismos estereotipos menospreciadores, las mismas justificaciones para ejercer poder y violencia (al fin y al cabo, dice el coro, el poder es el único lenguaje que entienden). Toda esta gente se unió para el caso de Irak con un ejército entero de contratistas privados y em-prendedores voraces a quienes se confiará todo, desde escribir libros de texto hasta la Constitución que remodele la vida política de Irak y su industria petrolera.

Todo imperio, en su discurso oficial, ha dicho que no es como los otros, que sus circunstancias son especiales, que tiene la misión de iluminar, civilizar, traer orden y democracia, y que utilizará la fuerza únicamente como último recurso. Lo más triste es que siempre hay un coro de intelectuales deseosos de decir palabras tranquilizadoras acerca de los imperios benignos o altruistas.

Veinticinco años después de la publicación de mi libro Orientalismo, se alza una vez más la cuestión de si el imperialismo moderno ha terminado o si continuó en Oriente desde que Napoleón invadió Egipto dos siglos antes. Se le ha dicho a los árabes y a los musulmanes que la victimología y vivir de los despojos del imperio es sólo una manera de evadir la responsabilidad del presente. Han fallado, se fueron por el camino equivocado, dice el orientalista moderno. Por supuesto, está también la contribución de Naipaul a la literatura: las víctimas del imperio gimotean mientras su país se va a la mierda. Pero qué superficial cálculo de una intrusión imperial es ésta que poco anhela encarar la larga sucesión de años a través de los cuales el imperio continúe su intromisión en las vi-das de palestinos, congoleños, argelinos o iraquíes. Piensen en la línea que comienza con Napoleón, continúa con el surgimiento de los estudios orientales y la toma de Africa del norte, para luego proseguir en empresas semejantes en Vietnam, Egipto y Palestina y que durante todo el siglo XX ha pugnado por el petróleo y el control estratégico del golfo Pérsico, en Irak, Siria, Palestina y Afganistán. Luego piensen en el surgimiento del nacionalismo anticolonial, el corto periodo de una independencia liberal, la era de golpes militares, la insurgencia, la guerra civil, el fanatismo religioso, la lucha irracional y la brutalidad irresponsable hacia los más recientes grupos de "nativos". Cada una de estas fases y eras produce su propio conocimiento distorsionado de la otra, sus propias imágenes reduccionistas, sus propias polémicas peleoneras.

En Orientalismo mi idea es utilizar la crítica humanista para abrir campos de lucha e introducir una secuencia más larga de pensamiento y análisis que remplace las breves incandescencias de esa furia polémica, contraria al pensamiento, que nos aprisiona. A lo que intento realizar le llamo "humanismo", palabra que continúo usando tercamente, pese al menosprecio burlón que expresan por el término los sofisticados críticos posmodernos. Por humanismo quiero significar, primero que nada, el intento por disolver los grilletes inventados por Blake; sólo así seremos capaces de usar nuestro pensamiento histórica y racionalmente para los propósitos de un entendimiento reflexivo. Es más, el humanismo lo sostiene un sentido de comunidad con otros intérpretes y otras sociedades y pe-riodos; por tanto, estrictamente hablando, no puede existir un humanismo aislado.

Esto quiere decir que todo ámbito está vinculado con todos los demás; no existe nada en nuestro mundo que haya estado aislado y puro de influencias exteriores. Requerimos hablar de aspectos tales como la injusticia y el sufrimiento en el contexto amplio de la historia, la cultura y la realidad socioeconómica. Nuestro papel es am-pliar el campo de la discusión. Buena parte de mis pasados 35 años he defendido los derechos que tiene el pueblo palestino a la autodeterminación nacional, pero siempre he intentado prestar toda la atención posible a la realidad del pueblo judío y la for-ma en que sufrió persecuciones y genocidio. El punto central es que la lucha por la equidad entre Palestina e Israel debe dirigirse hacia un objetivo humanista, es decir, hacia la coexistencia, y no a una ulterior supresión y negación.

No es accidental que indique que el orientalismo y el antisemitismo moderno tienen raíces comunes. Por tanto es necesidad vital que los intelectuales independientes provean modelos alternativos a aquellos que simplifican y confinan por basarse en una mutua hostilidad que prevalece en Medio Oriente y en otras partes, desde hace tanto tiempo.
Como humanista cuyo campo es la literatura, tengo la edad suficiente como para haber sido educado, hace 40 años, en el campo de la literatura comparada, cuyas ideas conductoras se remontan a la Alemania de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Antes debo mencionar la contribución creativa, suprema, de Giambattista Vico, filósofo y filólogo napolitano cuyas ideas anticiparon a pensadores alemanes como Herder y Wolf, y después a Goethe, Humboldt, Dilthey, Nietzsche, Gadamer, y finalmente a los grandes filólogos del siglo XX, como Erich Auerbach, Leo Spitzer y Ernst Robert Curtius.

A los jóvenes de la generación actual la mera idea de la filología les sugiere algo demasiado mohoso, de anticuario, pero de hecho es la más básica y creativa de las artes interpretativas. Su ejemplo más ad-mirable puede hallarse en el interés de Goethe por el Islam en general y por Hafiz en particular, pasión que lo consumía y lo condujo a la composición del West-Östlicher Diwan, y que influyó en las ideas posteriores de Goethe respecto de la Weltliteratur, el estudio de todas las literaturas del mundo como si fueran un todo sinfónico que pudiera aprehenderse teóricamente preservando la individualidad de cada trabajo sin perder la visión del todo.

Hay una ironía considerable al percatarnos de que si bien el mundo globalizado de hoy se agrupa en algunos de los modos de los que he estado hablando, podemos estarnos aproximando a un cierto tipo de estandarización y homogeneidad que la formulación específica de las ideas de Goethe buscaba prevenir. En un ensayo publicado en 1951, con el título de Philologie der Weltliteratur, Erich Auerbach enfatizó exactamente ese punto, justo cuando se iniciaba el periodo de posguerra, que fue también el principio de la guerra fría. Su gran libro, Mimesis, publicado en Berna en 1946, pero que fuera escrito cuando Auerbach era exiliado de guerra que impartía cursos de lenguas romances en Estambul, intentaba ser un testamento de la diversidad y la concreción de la realidad según la representaba la literatura occidental de Ho-mero a Virginia Wolf. Pero al leer el ensayo de 1951 uno siente que para Auerbach su gran libro era una elegía del periodo donde la gente podía interpretar textos filológicamente -concreta, sensible e intuitivamente-, usando la erudición y un excelente manejo de varias lenguas, en apoyo del entendimiento que Goethe pregonaba en su aproximación a la literatura islámica.
El conocimiento positivo de las lenguas y la historia fue necesario, pero nunca fue suficiente, como tampoco la recolección mecánica de datos podía en modo alguno constituir un método adecuado para comprender lo que era un autor como Dante, por ejemplo. El requisito fundamental para el tipo de entendimiento filológico del que hablaban Auerbach y sus predecesores, el que intentaron poner en práctica, era uno que con simpatía y subjetividad penetrara en la vida de un texto escrito, desde la perspectiva de su tiempo y su autor (einfühlung). En vez de pregonar la alienación y la hostilidad hacia otros tiempos y diferentes culturas, la filología según la aplicaba la Weltliteratur implicaba un profundo espíritu humanista desplegado con generosidad y, si se me permite el uso del término, con hospitalidad. Así, la mente del intérprete creaba activamente un lugar pa-ra el otro, extranjero. Este crear un lugar para el trabajo de los que podrían ser ajenos y distantes es la faceta más importante de la misión del intérprete.

Todo esto, obviamente, fue minado y destruido en Alemania por el nacional-socialismo. Después de la guerra, Auerbach anota con tristeza la estandarización de las ideas, y la creciente especialización del conocimiento que estrechó gradualmente las oportunidades para el tipo de trabajo filológico de indagación perenne e investigación que él había representado, y, caray, es todavía más depresivo saber que, desde la muerte de Auerbach, en 1957, la idea y la práctica de la investigación humanista se ha encogido en espectro y en centralidad. En vez de leer en el sentido real del término, nuestros estudiantes se distraen hoy con el conocimiento fragmentado disponible en la red electrónica y los medios masivos de comunicación.

Lo que es peor es que la educación está amenazada por las ortodoxias religiosas y nacionalistas que los medios masivos diseminan, pues se enfocan -ahistóricamente y de modo sensacionalista- en las distantes guerras electrónicas dando a los que miran un sentido de precisión quirúrgica, cuando de hecho oscurecen el terrible sufrimiento y la destrucción producida por el armamento moderno de la guerra. Al demonizar a un enemigo desconocido a quien etiquetan de "terrorista", se cumple el propósito general de mantener a la gente agitada y furiosa haciendo que las imágenes de los medios exijan mucha atención que puede ser explotada en tiempos de crisis e inseguridad, como el periodo posterior al 11 de septiembre de 2001.

Hablando como árabe y estadunidense, debo pedirle a mis lectores que no subestimen este tipo de visión simplificada del mundo que un puñado de elites civiles del Pentágono han formulado como política estadunidense para la totalidad de los mundos árabes e islámicos. Una visión en la cual el terror, la guerra preventiva y el cambio de régimen unilateral -con el respaldo del presupuesto militar más inflado de la historia- son las ideas principales que se debaten sin cesar, empobrecidas por medios que se asignan a sí mismos el papel de producir esos llamados "expertos" que validan la línea general del gobierno. La reflexión, el debate, el argumento racional y los principios morales basados en la noción secular de que los seres humanos deben crear su propia historia, fueron remplazados por ideas abstractas que celebran el excepcionalismo estadunidense u occidental, denigran la relevancia del contexto y miran con desprecio las otras culturas.

Tal vez dirán que hago demasiadas transiciones abruptas entre interpretaciones humanistas, por un lado, y política exterior, por el otro. Que una sociedad tecnológica moderna, poseedora de un poder sin precedente -además de redes electrónicas y jets de combate F-16- debe, a fin de cuentas, ser conducida por expertos en política-técnica tan formidables como Donald Rumsfeld y Richard Perle. Lo que en realidad se ha perdido es un sentido de la densidad y la interdependencia de la vida humana, que no pueden ser reducidas a una fórmula ni barridas como irrelevantes.

Esta es una de las facetas del debate global. En los países árabes y musulmanes la situación no es mejor. Como argumenta Roula Khalaf, la región se ha deslizado ha-cia un antiamericanismo fácil que muestra muy poco entendimiento de lo que en realidad es Estados Unidos como sociedad. Dado que los gobiernos se han vuelto relativamente incapaces de afectar las políticas estadunidenses hacia ellos, vuelcan sus energías en reprimir y sojuzgar a sus propias poblaciones, lo que acarrea resentimiento, rabia e imprecaciones inútiles que no abren la posibilidad de que en las sociedades haya ideas seculares en torno a la historia y el desarrollo humanos. En cambio, son sociedades sitiadas por la frustración y el fracaso, y por un islamismo construido por un aprendizaje dogmático y por la obliteración de otras formas de conocimiento secular, consideradas competitivas. La desaparición gradual de la extraordinaria tradición ijtihad islámica, o interpretación personal, es uno de los mayores de-sastres culturales de nuestro tiempo, pues ocasiona la pérdida del pensamiento crítico y de los modos individuales de lidiar con el mundo moderno.

Esto no significa que el mundo cultural haya simplemente regresado hacia un neoorientalismo beligerante o al rechazo ta-jante de lo exterior. Con todas las limitaciones que se quiera, la Cumbre Mundial de Johannesburgo, de Naciones Unidas, celebrada el año pasado, reveló de hecho una vasta área de preocupaciones globales comunes que sugiere la emergencia, muy saludable, de un sector nuevo y colectivo que confiere una nueva urgencia a la frecuentemente fácil noción de "un solo mundo". En todo esto debemos admitir que nadie puede conocer la extraordinariamente compleja unidad de nuestro orbe globalizado, pese a ser realidad que el mundo tiene tal interdependencia de las partes que no permite la genuina oportunidad del aislamiento.

Los terribles conflictos que pastorean a los pueblos con consignas tan falsamente unificadoras como "América", "Occidente" o "Islam" e inventan identidades colectivas para una enorme cantidad de individuos que en realidad son bastante diversos, no deben permanecer en la potencia que ahora mantienen y debemos oponernos a ellos. Aún contamos con habilidades interpretativas racionales que son un legado de la educación humanista, no piedad sentimental que clama por que retornemos a los valores tradicionales o a los clásicos, sino una práctica activa del discurso racional, secular, en el mundo. El mundo secular es el de la historia como la construyen los seres humanos. El pensamiento crítico no se somete al llamamiento a filas para marchar contra uno u otro enemigo aprobado como tal. En vez de un choque de civilizaciones manufacturado, necesitamos concentrarnos en el lento trabajo de reunir culturas que se traslapen, para que se presten unas a otras, viviendo juntas en formas mucho más interesantes de lo que permite cualquier modo compendiado o no auténtico de entendimiento. Pero este tipo de percepción ampliada requiere tiempo, paciencia e indagación escéptica, y el respaldo que otorga la fe en las comunidades de interpretación, algo difícil de mantener en un mundo que demanda acción y reacción instantáneas.

El humanismo se centra en la individualidad humana y la intuición subjetiva, no en ideas recibidas o autoridades aprobadas. Los textos deben leerse como producidos y vividos en el ámbito histórico de todas las posibles formas del mundo. Pero esto no excluye el poder. Por el contrario, he tratado de mostrar las insinuaciones, las imbricaciones del poder inclusive en el más recóndito de los estudios.

Por último, y lo más importante, es que el humanismo es la única y yo diría la forma final de la resistencia contra las prácticas inhumanas y las injusticias que desfiguran la historia humana. Hoy contamos con el enorme y alentador campo de-mocrático del ciberespacio, abierto a todos los usuarios de modos no soñados por generaciones anteriores de tiranos o de or-todoxias. Las protestas mundiales ocurridas antes de que comenzara la guerra en Irak no habrían sido posibles si no fuera por la existencia de comunidades alternativas por todo el mundo, alertadas mediante información alternativa, y que son activamente conscientes de los derechos humanos y ambientales, y de los impulsos libertarios que nos mantienen unidos en este pequeño planeta.



Traducción: Ramón Vera Herrera

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