jueves, enero 19, 2006

Recuento

He fustigado la vida personal de Borges. Sé que acudía al psicólogo, que esperaba horas bajo la casa de su amada sin atreverse a tocar el timbre; que, cuando por fin tuvo valor de enfrentar al público, necesitaba un vaso de licor de durazno para poder dar una conferencia; que su madre, por la noche, bajaba en bata al "bar" de la cuadra para llevarlo a dormir; que su padre, en Suiza, lo obligó a ir a un prostíbulo, para que se hiciera hombre; que es probable que haya sido atacado sexualmente en una playa; que su primera esposa lo abofeteó, a él, ya el gran escritor del siglo XX, y que el viejo fue encontrado perturbado dos horas después, empapado de lluvia, en un pueblo de Estados Unidos. Y más, puedo asegurar que sé más... pero todo es un poco banal y borroso, ahora que releo YO, el primer poema de La rosa profunda.


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