lunes, noviembre 21, 2005

Ebriedad de Dios

Luego encontré en el vino las múltiples razones
para escapar de todo:
de mi madre y mis hijas, de ti
mi propia sombra.
Era increíble ver que en un vaso cupieran
la luz que yo buscaba y el fondo
inacabable
de lo que yo no quise.
Me alejé de la lumbre
para hallar en los hilos que enfriaban mis angustias un
barrio conocido.
Allí dueña de las paredes, las sábanas del vino me negaba
los cláxones
el timbre del teléfono
el puño que golpeaba mi nombre por la puerta:
el contacto caliente con el piso.

(Fragmento)

Luis Armenta Malpica