jueves, abril 08, 2010

Del sujeto analógico al sujeto digital 1

1. En un texto de Borges intuí, hacia el final, que el último límite de la analogía es pensar no en el horizonte de la libertad o de la politicidad; tampoco en el horizonte del tiempo o del acontecer; menos aún que podríamos topar pared al referirnos al horizonte del ser y la representación o al propio horizonte de la nada. No, intuí que el horizonte final de la analogía es el pensamiento sobre la muerte y la memoria; pero intuí, también, que en nuestro tiempo ese límite parece desaparecer.

2. Según el diccionario, analógico refiere a una señal que posee una magnitud que puede ser representada en variables continuas. Se trata de un circuito que posee como característica principal la estabilidad. En el plano del razonamiento esto puede entenderse de la siguiente manera: obtenemos, en última instancia, una conclusión o síntesis que se extrae de elementos distintos pero que en su proceso de comparación o analogía encuentra estabilidad. Es particularmente ejemplar este proceso en lo que se refiere a las computadoras o sistemas de transmisión, que hoy ya son caducos. Funcionar por analogía quiere decir resolver un problema mediante una representación de fuerza, ya sea electrónica o mecánica; esto es, imprimir una cantidad de energía equivalente a la que se desea representar.

3. Digital, en cambio, es todo lo relativo a los dedos. Sin embargo, no debe de pensarse en alguna moral del tacto, sino en la mano como herramienta. Una señal digital es aquella emanación discreta, pero de infinita potencia cuántica.

4. La distancia entre una computadora analógica y una digital puede esclarecer la diferencia. Las computadoras analógicas, mediante un procedimiento de comparación entre el cálculo matemático y las interrelaciones físicas, desarrollan circuitos mecánicos, electrónicos o hidráulicos para simular un problema y solucionarlo. Así, también, el ábaco de una niña, la navaja de un asesino, el violín de un músico o el proceso de la lectura funcionan por analogía, porque todos estos actos implican una fuerza de representación para analogar una acción, ya sea las cuentas en el ábaco, la penetración de la navaja, la tensión y pulsión de la cuerda o la memoria que acontece en todo acto de lectura. En cambio, las computadoras digitales no analogan con la realidad física, sino que resuelven y plantean el problema a través del cálculo; cada número es un dígito, una operación o pulsión dedal que, sin embargo, abre entre el 1 y el 0 una serie de posibilidades infinita e imposible para un ser analógico. Un zoon analogon necesita imprimir una fuerza, a través de un cordón, de un cable, de un telar o de una rueda y un obstáculo para que se dé el registro de la posibilidad; un zoon digital, sabe que su dedo es una herramienta obtusa, sólo una anacronía metafísica. Aquellos y aquellas que tienen un ipod se dan cuenta en cada instante de que el dedo, al girar sobre un espacio circular, difumina la capa irrepetible de la huella digital. Así, la gran mayoría de las armas son procesos digitales, como la catapulta que inventó Alejandro hasta el arco y la flecha; las redes de cómputo y comunicación; la telefonía y la música, ese arte demiúrgico, el más digital de los procesos analógicos, porque depende, en última instancia de su inmaterialidad, del escucha.

5. Podríamos sostener, a partir de los estudios sobre la técnica en el siglo XX, que los seres humanos desarrollan entornos de relación no lejanos o dependientes. Son, por lo menos, pentasensoriales y recintuales, esto es, implican el despliegue de la corporalidad y una manifestación espacial. Es en el espacio, en su habitación, donde acontece la gran cadena metafórica de la analogía: el exterior, el interior y todas las metáforas emanadas del cuerpo y del paisaje, como frontera u horizonte, como bestialidad y prudencia. En estos espacios “no lejanos”, no bifurcados, es donde es posible la sincronía y la estabilidad, en suma, la posibilidad de la hermenéutica en su despliegue analógico.



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