domingo, julio 22, 2007

En la Jornada semanal

Carlos Alfieri
Entrevista con Edwin Williamson

"Las claves de la obra de Borges en su vida

–Escribe Borges en su cuento "Emma Zunz" al aludir al acto sexual al que la protagonista se entrega con un desconocido, pieza necesaria de un complejo plan de justicia que ella pergeña: "Pensó (no pudo no pensar) que su padre le había hecho a su madre la cosa horrible que a ella ahora le hacían." ¿No resume esta frase el sentimiento de pavor del escritor ante el sexo? ¿No es éste el origen, en última instancia, de todas sus desdichas amorosas?

–Sí, Borges siente pavor ante el sexo, pero también una enorme fascinación por la pasión erótica en un sentido místico, como una vía hacia la realización del ser y su conexión esencial con el espíritu del universo. La contradicción fue creada por intervención del padre. A pesar de ser un mujeriego, el padre de Borges muestra una vena muy romántica y mística en sus poemas y en su única novela, El Caudillo, que he analizado en mi libro y que demuestro cómo influyó decisivamente en la temática de Borges hijo, especialmente en El congreso, que está calcado sobre el patrón ideológico de la novela del padre. Al mismo tiempo, el padre fue el agente inconsciente del horror de su hijo ante el sexo, cuando lo manda a iniciarse con una prostituta en Ginebra a los diecinueve años. En esa época, Borges se había echado su primera novia, una chica suiza con pelo rojo, llamada Emilie. Borges ve la iniciación en el prostíbulo como algo sumamente degradante; pero es más, sospecha que su padre se había acostado con la misma mujer. Ahí está el conflicto, su sentido de haber traicionado a su madre por haber obedecido al padre. Pero fue un conflicto fructífero: es la fuente de muchos temas en sus escritos (no creo que la crítica haya apreciado debidamente lo importante que es el tema de la traición en Borges), y también de las dualidades y antinomias que marcan su obra. Borges se sentía escindido por la contradicción que suponía mantenerse leal a los valores burgueses de su madre y su deseo de realizarse como hombre por orden del padre.

–Ha sido usted en su biografía singularmente pudoroso al referirse a las conflictivas relaciones de Borges con las mujeres. En su libro Borges, anota Adolfo Bioy Casares, tras una conversación con su amigo (el 19 de octubre de 1963), en la que éste le contó su padecimiento por una mujer: "Tengo aquí una intuición: la relación con esta mujer debe de ser un noviazgo blanco. Con noviazgo blanco quiere retener a las mujeres... Sin comprender la realidad, habla de su trágico destino repetido y de que por una fatalidad siempre aparece un hombre y se las quita. (Una mujer que le dura un año o dos con amor blanco dura mucho; Borges no puede quejarse: debería jactarse." Años después, el 29 de diciembre de 1972, reflexiona Bioy en su diario: "Para Borges el sexo es sucio. Por mucho tiempo me dejé engañar, porque entendía que lo excluía, en literatura, por ser un expediente fácil, socorrido y un poco necio. No; esa burla oculta, con alguna vergüenza de que lo tomen por mojigato, un violento rechazo. La obscenidad le parece una culpa atroz: puta no es la mujer que cobra, sino la que se acuesta." ¿Comparte esta percepción?

–De hecho, comparto la percepción de Bioy que usted cita, pero creo que hay que verla dentro de una situación que evoluciona. Lo que realmente impresiona de Borges es cómo llega a enfrentarse con tanto valor a sus fantasmas. Yo describo este proceso en detalle. A Borges le incomodaba su reputación de escritor frígido y cerebral; decía que se había pasado la vida "pensando en mujeres". En mi libro me propuse demostrar que la sexualidad y el amor ofrecen una clave importante para comprender la dinámica de su realidad interior y, por ello, no están ausentes de su obra. Como se sabe, tuvo múltiples decepciones amorosas y mi libro describe esa larga búsqueda de amor, desde su primera novia en Ginebra, pasando por su traumático rechazo por Norah Lange, su turbulenta relación con Estela Canto y otros fracasos sentimentales, hasta culminar en su larga relación con María Kodama. Todas estas experiencias dejaron huellas en su obra que se traslucen en ciertos temas en la poesía y ficción, como intento demostrar con bastante detalle. Es posible que yo haya sido algo pudoroso en cuanto al sexo. Por otra parte, se me ha criticado por haberme explayado demasiado en mi libro sobre los problemas afectivos y sexuales de Borges, lo cual es extraño, porque parece que para algunos lectores Borges es una especie de ser angelical a quien sería sacrilegio asociar con algo tan vulgar como el sexo. Es un problema delicado. A mi juicio, el biógrafo tiene que respetar los sentimientos de las personas que le ofrecen sus recuerdos y testimonios, pero a la vez no escribiría una buena biografia –sobre todo de un escritor, que es una persona que escribe desde su vida interior– si no investigara ciertos temas íntimos, como el sexo. Al final uno tiene que preguntarle a la gente y dejar que le digan lo que le quieran decir, y entonces investigar de diferentes maneras para tratar de componer un cuadro de la persona biografiada como alguien vivo. Por eso no se puede tener una sola línea de investigacion; hay que seguir diferentes hilos.

–El horror al sexo, al cuerpo, a la materia en última instancia, parecen haber instalado a Borges en un mundo de arquetipos platónicos. Pero la habitación del escritor en ese mundo lo sumía en la nostalgia de lo real, en el sentimiento rimbaudiano de que "la verdadera vida está ausente". ¿Constituía el vaivén entre ambos polos la esencia de su infortunio?

–Borges buscaba en el amor una salida a esa sensación de aislamiento y de "irrealidad" que lo oprimía. Se resentía de una dualidad de fondo: por un lado, se esforzaba por definir la esencia de su persona, mientras que por otro, temía caer en lo que llamó "la nadería de la personalidad". Y el vaivén entre esos dos polos –entre Whitman y Kafka, como él mismo los caracterizó– dependía, en última instancia, de su aceptación o rechazo por una de las muchas "diosas" que cortejó en su vida".


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